Yo tendría que estar haciendo otra cosa, debería estar estudiando. Pero estoy en una semana diferente. Este domingo nos jugamos la vida. Sí, en sentido figurado, pero literalmente nos estamos jugando la chance de cerrar el año con una inmensa alegría. Ganando el clásico, y quedando a tiro del campeonato.

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Yo solo tengo 24 años, pero he visto muchísimos clásicos, estando presente en la mayoría de ellos, pero este domingo no sé que esperar. Desde hace cuatro años estoy acostumbrado a tener algo, que sé si se complican las cosas, va a aparecer tal magia en cuento de hadas. Desde hace cuatro años tengo en el bolsillo a un Chino, un hombre que vino al Club por el HONOR, y por el AMOR hacia esta camiseta. Ese hombre era capaz de cambiar el sentido en el que giraban los planetas con una simple pincelada de su pie zurdo. Sé que en sí, cualquier jugador puede cambiar un partido con un gol, pero lo del Chino iba más allá, era esa convicción irracional de que la magia existía, y de que iba a aparecer cuando realmente se necesitara. Ese mago, es humano, ha fallado, pero el penal en la hora, lo metió, el tiro libre a Gelpi desde una distancia considerable, también, y qué decir del momento de mayor delirio desde que soy hincha de Nacional.

Este hombre ha repartido magia, esa magia que a alguien acostumbrado a ir a la Abdón Porte lo hizo ir campeonato tras campeonato a la Atilio García, a ubicarse en los mejores lugares posibles, para ver los pases bestiales, los córners olímpicos, los regates donde dejaba sentado a cualquiera, como el amague que le hizo al golero de Defensor en la final que ganamos con gol de la bestia.

Se viene el domingo, falta poco. Yo confío en muchos de los jugadores de este plantel, y en la historia por la que luchamos. Pero me falta algo. Me acostumbre a levantarme todos los lunes preparado para ir a la facultad a hablar de la última genialidad que había hecho este monstro. Jamás me voy a olvidar de que vino por la gloria, tuviera la plata que sea en el banco, este hombre firmaba por Nacional por cualquier cifra, como pasó, los dirigentes pusieron la misma 5.000, a lo que el Chino preguntó si eran pesos.

Muchos me criticarán la idolatría por esta bestia del fútbol mundial, yo no viví a Nacional como campeón del mundo, sé que otros jugadores ganaron mucho más que él, pero esto va más allá de lo que ganó. Mi predilección por esa persona sencilla, humilde y llena de magia va por otro lado. Él, y Matute, fueron los únicos jugadores que me hicieron gozar de cada partido en que los vi vestir la camiseta de Nacional. He pagado cualquier precio de entrada sin quejarme, si jugaba alguno de ellos dos…

No quiero extenderme más, como dije, debería estar terminando un trabajo para la facultad. Son las cuatro de la mañana, y desde que empecé a escribir hasta ahora, tengo la piel erizada. Gracias Chino, por esas tardes de fútbol, por la magia, por todo lo que hiciste.

Si te parece mal que lo idolatre, será tu opinión, pero es el único futbolista que si cierro los ojos, aparecen en mi cabeza sus goles, sus festejos, y al abrirlos las lágrimas de emoción.

El mejor día de mi vida fue ese bendito clásico, estaba perdido, y VOS lo ganaste. Ni Messi ni Ronaldo habrían metido ese tiro libre. Ellos no estaban predestinados para hacerlo, vos si.

 

Federico López

Twitter: @cacique9

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